lunedì 15 luglio 2013

Fuerza epigenética Dios alma amor




Durante los primeros treinta días el niño concebido no mantiene ningún tipo de relación con la madre, siendo la fuerza epigenética la que lo conforma enteramente con una fuerza potente, sapientísima, amorosa, que todo lo crea, lo respeta y continuamente espera la respuesta viva de la criatura. La fuerza epigenética da origen ya desde el momento de la concepción a las primeras células somáticas y germinales. En las células somáticas se encuentra el ADN del padre y de la madre, de donde derivan los parecidos; en cambio, en las células germinales la fuerza epigenética hace que al cabo de pocos días ya no quede nada ni del padre ni de la madre, sino solo tres fuerzas:
a) Totipotentes (Dios)
b) Inmortales (alma)
c) Sexuales (amor).
Dios, alma y sexo en el amor son las fuerzas primarias y constitutivas de la persona, que no dependen de ningún ADN de otra persona. Estas fuerzas pasan por las células nerviosas inconscientes. Cuando están íntegras forma nervios, cuerpo y mente sanos, mientras que su merma forma nervios, cuerpo y mente enfermos. Todas las energías personales emanan y son sustentadas continuamente por esta fuerza epigenética, que se apodera del hombre, pero viene más allá del hombre.
Esta energía, que crea ex novo a todo ser humano, es completamente superior a todas las energías del universo: es la energía sabia y omnipotente de Dios, que Dios otorga personalmente a toda persona.
Durante los primeros 30 días de vida intrauterina, el niño vive, se desarrolla, esboza todos sus órganos y comienza a crecer de manera sorprendentemente “independiente” de la madre. Incluso en los primeros 6 días comienza a desarrollarse pese a estar libre, completamente separado de la madre. El sexto día tiene lugar la implantación en la pared del útero, pero durante un mes, cuando todavía no ha establecido un vínculo “de sangre” con la madre, se nutrirá principalmente de lo que él mismo produce (en el saco vitelino) y lo sostiene solo la “fuerza epigenética”. Esta fuerza “crea” literalmente, en determinados momentos, las primeras células sexuales, las primeras células sanguíneas, las primeras células nerviosas, etc. La primera circulación sanguínea del niño se crea alrededor del saco vitelino, luego se vuelve intraembrionaria, pero sigue sin tener relación con la madre.  La relación con la madre comienza a instaurarse a partir del trigésimo día, cuando podemos decir que ya el niño está formado. En este momento es cuando se fortalece el cordón umbilical y se comienzan a abrir los canales de intercambio por las vellosidades de la placenta. Este tipo de circulación, llamada “circulación placentaria”, es la primera relación estrecha que se establece entre el niño y la madre, que se hace preponderante a partir del segundo mes. En el tercer mes esta relación está ya completamente instaurada.                   
Padre Angelo Benolli O.M.V La vita non si inganna ed Italia Solidale

1 commento:

enricopallocca ha detto...

Fuerza epigenética Dios alma amor
Durante los primeros treinta días el niño concebido no mantiene ningún tipo de relación con la madre, siendo la fuerza epigenética la que lo conforma enteramente con una fuerza potente, sapientísima, amorosa, que todo lo crea, lo respeta y continuamente espera la respuesta viva de la criatura. La fuerza epigenética da origen ya desde el momento de la concepción a las primeras células somáticas y germinales. En las células somáticas se encuentra el ADN del padre y de la madre, de donde derivan los parecidos; en cambio, en las células germinales la fuerza epigenética hace que al cabo de pocos días ya no quede nada ni del padre ni de la madre, sino solo tres fuerzas:
a) Totipotentes (Dios)
b) Inmortales (alma)
c) Sexuales (amor).
Dios, alma y sexo en el amor son las fuerzas primarias y constitutivas de la persona, que no dependen de ningún ADN de otra persona. Estas fuerzas pasan por las células nerviosas inconscientes. Cuando están íntegras forma nervios, cuerpo y mente sanos, mientras que su merma forma nervios, cuerpo y mente enfermos. Todas las energías personales emanan y son sustentadas continuamente por esta fuerza epigenética, que se apodera del hombre, pero viene más allá del hombre.
Esta energía, que crea ex novo a todo ser humano, es completamente superior a todas las energías del universo: es la energía sabia y omnipotente de Dios, que Dios otorga personalmente a toda persona.
Durante los primeros 30 días de vida intrauterina, el niño vive, se desarrolla, esboza todos sus órganos y comienza a crecer de manera sorprendentemente “independiente” de la madre. Incluso en los primeros 6 días comienza a desarrollarse pese a estar libre, completamente separado de la madre. El sexto día tiene lugar la implantación en la pared del útero, pero durante un mes, cuando todavía no ha establecido un vínculo “de sangre” con la madre, se nutrirá principalmente de lo que él mismo produce (en el saco vitelino) y lo sostiene solo la “fuerza epigenética”. Esta fuerza “crea” literalmente, en determinados momentos, las primeras células sexuales, las primeras células sanguíneas, las primeras células nerviosas, etc. La primera circulación sanguínea del niño se crea alrededor del saco vitelino, luego se vuelve intraembrionaria, pero sigue sin tener relación con la madre. La relación con la madre comienza a instaurarse a partir del trigésimo día, cuando podemos decir que ya el niño está formado. En este momento es cuando se fortalece el cordón umbilical y se comienzan a abrir los canales de intercambio por las vellosidades de la placenta. Este tipo de circulación, llamada “circulación placentaria”, es la primera relación estrecha que se establece entre el niño y la madre, que se hace preponderante a partir del segundo mes. En el tercer mes esta relación está ya completamente instaurada.
Padre Angelo Benolli O.M.V La vita non si inganna ed Italia Solidale